Ya tenía mucho de no escribir. No es que no quisiera hacerlo, sino estaba pensando en cambiar de temáticas. Al final me decidí a escribir a cerca de un comentario que escuché de una compañera de estudio.
Las personas, a veces, nos dejamos marcar por circunstancias de la vida y pretendemos que la vida seguirá así. Creemos que todo seguirá mal. Es más, seguirá de mal en peor. Esa es la afirmación de la que muchas veces nos hemos apropiado. “No hay peor batalla que la que no queremos ganar.” No soy psicólogo para explicar o dar una razón sobre lo que sucede en nuestro cerebro. Pero como soy un ser humano común y corriente, puedo decir que todo lo que pensamos está determinado por lo que sucede en el ámbito externo, nuestra vida cotidiana.
Hoy me desperté pensando en el ensayo de ética. Y en todo el día no pude sacar ese pensamiento de mi cabeza. A eso se debe mi afirmación, cuando expresé que los pensamientos que dominan nuestra mente vienen de problemas cotidianos. ¿Te acuerdas cuando por primera vez te enamoraste de aquella persona? Nunca habrías pensado y fantaseado en las noches, si no te hubieras fijado en esa persona especial. ¿O sí?
Empero, siguiendo con la frase de mi queridísima amiga, desearía que cuando termines de leer este artículo reconsideres sobre lo que aquí te diré. Tal vez sus palabras te parecerán repetitivas, comunes o como le quieras llamar, pero yo lo considero un problema de muchos. Dijo que en este mundo, no se sentía amada, que nadie la quería y que nadie la podría comprender.
Tal vez algunos de nosotros ya hemos escuchado ese discurso o, mejor aún, ya lo hemos expresado. Como seres humanos sensibles, tendemos a frustrarnos cuando las cosas no van por el rumbo deseado. Y comenzamos a expresar palabras de desánimo que no vendrán a mejorar las cosas, sino todo lo contrario. No quise saber el porqué de su problema. Más bien quise darle palabras de aliento.
Debemos aceptar que el tiempo no se detiene. El mundo sigue igual pase lo que me pase. El planeta sigue girando sin importar las decisiones que yo tome. Pero de lo que sí debo estar seguro es que si hoy me fue mal o me pasó algo, mañana eso ya quedó en el pasado. Ahora debe pensar desde el presente hacia el futuro. Lo pasado, pasado. Y no tengo por qué andarlo recordando meses o años más tarde, porque seré una persona que está libre, pero vive presa del pasado.
Por mucho que quiera no puedo volver en el tiempo para cambiar las cosas. Debo ser realista. Tengo que preocuparme por no volver a cometer ese error en el futuro. Decir que nadie nos ama en esta vida, es totalmente falso. Cuando queremos quitarnos la vida se nos olvida que muchas personas están luchando por permanecer vivos. No dejemos que los problemas o las circunstancias desagradables nos frustren. Tú eres una persona única. Nadie puede usar tus ojos para ver, a no ser que los hayas donado. Pero mientras estés leyendo este texto, significa que aún los estás usando.
Si confías tus problemas a las personas, poco podrán ayudarte. Cuando consideras que nadie puede ayudarte, como es el caso de mi amiga, déjame decirte que Dios si puede y quiere ayudarte. Solamente debes decírselo. El sí te ama. Y demostró su amor entregando a su hijo en la cruz del calvario para que tú y yo podamos ser salvos a través de creer en él.
Si estás pasando por problemas, quiero invitarte a que hoy le entregues tu corazón a Jesús, el quiere ayudarte. Prueba y verás que él escuchará cada una de tus palabras y acudirá a tu auxilio, porque así lo ha prometido en su palabra, la Biblia. Dios te bendiga.
Por favor, deja tu comentario. Me es de mucha ayuda.